Mansión en el agua: un yate de lujo, amarrado en Buenos Aires

La embarcación tiene 113 metros de eslora y 18 de manga. Foto: Gza Agpse

Se trata de Le Grand Bleu, uno de los más grandes del mundo; perteneció al magnate ruso Roman Abramovich

lanacion.com.ar

Dársena Norte es un vecindario habitado por embarcaciones de distintas épocas y de diferentes usos. La Fragata Libertad es la reina del lugar, con toda la historia que pesa sobre su casco desde su botadura en los años 50. Los barcos de transporte de pasajeros que cruzan a Uruguay se desplazan por allí, al igual que dos remolcadores y un buque de dragado que mejora el canal de ingreso al puerto. A todos se sumó esta semana un nuevo integrante: el yate Le Grand Bleu, considerado uno de los más grandes del mundo, que estará amarrado en Buenos Aires durante algunos días.

Se trata de una embarcación de 113 metros de eslora y 18 metros de manga, equipado con un helicóptero, un velero, una lancha rápida, un minisubmarino, motos de agua, un jeep todoterreno y espacios donde prima el lujo. Es la primera vez que un barco privado de estas dimensiones amarra en el puerto de Buenos Aires.

Foto: Nauta 360

El propietario de esta mansión sobre el agua es el empresario Eugene Shvidler, que en 2006 se la compró a su socio y amigo, Roman Abramovich, ambos ciudadanos rusos y multimillonarios. Abramovich, dueño del equipo de fútbol Chelsea, de Inglaterra, lo reemplazó por otra mole de acero y lujo: el Eclipse, de 168 metros de eslora, sólo superado por el Azzan, propiedad de Sheikh Khalifa bin Zayed Al Nahyan, el presidente de los Emiratos Árabes Unidos.

La actividad del puerto porteño no está relacionada con los yates privados, sino con los buques de carga y los de transporte de pasajeros. El año pasado arribaron 355 cargueros de diferentes banderas y se movilizaron 798.511 contenedores. Sin embargo, la Administración General de Puertos Sociedad del Estado (Agpse) suele recibir solicitudes de amarre de embarcaciones no comerciales. En esos casos, los capitanes de los barcos deben pedir un derecho de amarre para usar el muelle porteño. El canon es de 0,3 dólares por tonelada.

Foto: La Taberna del Puerto

Le Grand Bleu posee un calado de 5,50 metros, condición que le permitió amarrar en Dársena Norte. No ocurre lo mismo con los cruceros que llegan a Buenos Aires y que deben anclar en otro sector debido al calado, en muchos casos superior a los diez metros. Las operaciones de los buques de dragado que hace la Agpse para acondicionar el canal de ingreso en el Río de la Plata son clave para que este tipo de embarcaciones sigan llegando a la ciudad.

Hoja de ruta

La construcción de Le Grand Bleu comenzó en 2000 en los astilleros de Bremer Vulkan, en Alemania, y con el diseño del italiano Stefano Pastrovich. El primer dueño fue el empresario de las telecomunicaciones John McCaw. En 2002 pasó a manos de Abramovich por 100 millones de euros y cuatro años más tarde lo adquirió Shvidler, que según fuentes portuarias llegó a la Argentina para realizar inversiones.

Construido con un casco de acero y una estructura del mismo material y aluminio, el buque se desplaza a una velocidad máxima de 17 nudos. Para hacerlo cuenta con una planta propulsora de dos motores de 3400 kW cada uno que impulsan dos hélices montadas en sus ejes. La velocidad de crucero de Le Grand Bleu es de 15 nudos.

El superyate tiene capacidad para 20 invitados que pueden atravesar cualquier océano en sus cómodas habitaciones. Poco se sabe de su interior, pero un dato sirve para tomar dimensión de su magnitud: en cada viaje, el buque traslada cinco toneladas de leña para alimentar las estufas distribuidas en los ambientes. Además cuenta con una tripulación de 35 personas.

Antes de arribar a Buenos Aires, Le Gran Bleu estuvo fondeado en la bahía de Maldonado, en Punta del Este, donde Shvidler llegó en su avión privado junto a su mujer y sus cinco hijos. Desde allí partió al puerto de Colonia y más tarde hacia aguas argentinas.

Desde la Fragata Libertad se puede observar el movimiento de dos o tres miembros de la tripulación que caminan sobre uno de los livings de popa. La privacidad que ofrece el yate es una de las principales virtudes para sus ocupantes.

Según la revista Forbes, el magnate ruso, nacionalizado estadounidense, posee una fortuna estimada en 1800 millones de dólares generados por sus actividades en la industria petrolera. Además del yate de lujo es propietario del viñedo Château Thénac en Burdeos (Francia), de una casa en Londres valuada en 37 millones de dólares y otra de 14,5 millones de dólares en Aspen.

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