Barcos en botellas

barcos-en-botellas-01Los primeros barcos en botella aparecen en el siglo XIX. Hasta fines del siglo XVIII el vidrio era muy caro hasta que en 1789 el químico francés Nicolás Leblanc descubre la manera barata de hacerlo con arena silícea y potasa. Podemos suponer entonces que a partir de mediados del siglo XIX se conseguía licor a precio accesible en botellas de vidrio de cristal transparente y que éste abundaría bajo cubierta. Es de ese período en adelante donde aparecen los barcos en botellas. Las travesías largas obligaban a los marineros a tener que entretenerse cuando no estaban de guardia. De ahí provienen también las tallas en los huesos y dientes de focas y ballenas conocidos como “scrimshaw”, y con pedacitos de madera, de cabos y otras cosas que pudieran conseguir nacieron los primeros barcos en botellas.

Hoy en día estas piezas de colección son raras y casi inalcanzables por su valor. Por eso la mejor manera de tener uno es hacerlo uno mismo. Así empecé yo con la ayuda del libro de Donald Hubbard: “Ships-in-Bottles”, el cual recomiendo para quien quiera iniciarse en ello. Es de creer que si los rudos marineros, en condiciones no siempre favorables, pudieron hacerlos, no hacen falta manos de cirujano y cualquiera que quiera puede intentarlo. La mayoría de las herramientas que yo utilizo son caseras, los planos de los barcos se sacan de fotos y libros, incluso de Internet.

El barco se construye fuera de la botella, los palos se pliegan y las demás piezas de la arboladura son movibles y se giran paralelas al eje de crujía con lo cual el barco se adapta al cuello de la botella. Por medio de pinzas, hechas con alambre, se coloca al barco en el mar, que se ha puesto antes. Los estays se pasan a través del botalón y salen por el cuello de la botella. Una vez firme el barco, tirando de ellos los mástiles se enderezan. Se colocan en su lugar perchas y vergas con un alambre largo y se corrige cualquier parte del aparejo que se haya enredado al plegar. Se cortan los hilos que sobresalen del botalón y se sella la botella. Ahora está listo nuestro barco para navegar por siempre dentro del pequeño mundo que define la botella.

AUTOR

Celina Ferreyra

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