Atracción turística y refugiados climáticos: los osos polares invaden una aldea en Alaska

Los osos que van a la aldea de Kaktovik están en tierra porque el hielo marino del que dependen para cazar focas está derritiéndose

Erica Goode The New York Times

Kaktovik, Alaska — Cuando llega el otoño, los osos polares están por todas partes en esta aldea ártica, dormitando en la arena, peleando en bajíos, paseando por la playa con sus cachorros y atrayendo a cientos de turistas que viajan largas distancias para verlos.

Osos polares merodeando por los alrededores de Kaktovic. Foto: Laurent Dick / Wild Alaska Travel

De noche, los osos entran al pueblo sigilosamente: es peligroso caminar sin un arma de fuego o espray para osos. Se van a regañadientes cuando la patrulla de osos polares los asusta con petardos y reflectores.

Puede que estos osos no parezcan miembros de una especie que enfrenta su posible extinción. Los científicos han contado hasta 80 a la vez dentro o cerca de Kaktovik; muchos se ven saludables y rollizos, en especial a inicios del otoño, cuando su presencia coincide con la temporada ballenera de la aldea inupiat.

Pero los osos que vienen a Kaktovik son refugiados climáticos: están en tierra porque el hielo marino del que dependen para cazar focas está derritiéndose.

El Ártico se está calentando el doble de rápido que el resto del planeta y la cubierta de hielo está derritiéndose a un ritmo que incluso a los científicos climáticos que predijeron el declive les parece alarmante.

Se han convertido en una atracción turística y… en un peligro para los residentes si no se toman las debidas precauciones. Foto: City-Data Forum, U.S. Forum, Alaska

En noviembre, se registró el nivel de hielo marino ártico más bajo para ese mes. Aunque la tasa promedio de crecimiento de hielo era más rápida de lo normal para el mes, a lo largo de cinco días a mediados de noviembre la cubierta de hielo perdió más de 49.209 kilómetros cuadrados, un declive que el National Snow and Ice Data Center en Colorado llamó “casi sin precedentes” para esa época del año.

En el mar de Beaufort, donde los 260 residentes de Kaktovik ocupan 2,5 kilómetros cuadrados en la esquina noreste de la isla Barter, la pérdida de hielo marino ha sido especialmente precipitada.

“Para los osos polares… los derrames de petróleo, la contaminación y la caza excesiva aún representan algo de riesgo. Pero esos peligros no son nada comparados con la pérdida de hielo marino”

La pérdida continua de hielo de mar no augura nada bueno para los osos polares, cuya existencia depende de una cubierta de hielo que se está adelgazando rápidamente y se derrite mientras las temperaturas aumentan. Como dijo Steve Amstrup, científico en jefe de Polar Bear International, una organización de conservación: “Conforme se va el hielo, también lo hacen los osos polares”.

Un símbolo imperfecto del cambio climático

El oso polar es la subespecie de osos más grande. El filme de 2006 de Al Gore, An Inconvenient Truth, en el que se ve a un oso polar solitario que lucha en un mar Ártico prácticamente sin hielo, asoció a los osos con el cambio climático en la mente de muchas personas. En 2008, la decisión del gobierno estadounidense de poner a los osos polares en la lista de especies amenazadas bajo la ley de especies en peligro de extinción —una designación basada, en parte, en el peligro que representa la pérdida de hielo marino— consolidó esa asociación.

Aunque el papel simbólico del oso polar ha generado conciencia, algunos científicos dicen que también ha simplificado demasiado la situación de los osos, e involuntariamente abrió la puerta a ataques por parte de quienes niegan la realidad del cambio climático.

Unos osos polares se abrazan en las aguas cerca de la aldea. La pérdida continua de hielo les afecta mucho. Foto: Josh Haner/The New York Times

“Cuando se utiliza como herramienta publicitaria para atraer donaciones, puede haber una tendencia a perder el matiz del mensaje”, dijo Todd Atwood, un biólogo investigador en el U. S. Geological Survey’s Alaska Science Center. “Creo que los matices son importantes, sobre todo con los osos polares”.

Pocos científicos niegan que a largo plazo los osos polares estén en problemas, y algunos expertos han predicho que el número disminuirá con la pérdida continua de hielo marino. Una evaluación de 2015 para la Lista Roja de la International Union for Conservation of Nature proyectó una reducción de más del 30 por ciento en el número de osos polares para 2050, mientras señaló que había incertidumbre respecto de qué tan extensivo o rápido sería el declive de los osos —o del hielo—. Una versión de la evaluación se publicó en línea el 7 de diciembre en la revista Biology Letters.

Pero el efecto del cambio climático a corto plazo se distingue con menos claridad y un declive demográfico general todavía no es evidente. Diecinueve grupos de osos polares habitan en cinco países alrededor del Círculo Ártico: Canadá, Estados Unidos, Noruega, Groenlandia y Rusia. De esas, tres subpoblaciones están disminuyendo, incluyendo a los osos polares del mar sureño de Beaufort.

Una ballena boreal capturada cerca de Kaktovik Foto: Josh Haner/The New York Times

Sin embargo, otras seis poblaciones son estables. Una está aumentando. Los científicos tienen tan poca información acerca de las nueve restantes que no pueden medir su salud ni cuántos son.

En su análisis, los investigadores que condujeron la evaluación de la Lista Roja concluyeron que los osos polares deberían permanecer en la lista de especies “vulnerables”, en vez de que los muevan a una categoría de especies que están en mayor peligro de extinción.

Independientemente de los números, los científicos están viendo otros indicadores más sutiles de que la especie está cada vez en más peligro, incluyendo cambios en la condición física de los osos, tamaño corporal, reproducción y tasas de sobrevivencia. Los científicos han asociado algunos de estos cambios con la pérdida de hielo marino y un aumento en los días libres de hielo en las áreas donde viven los osos.

Quienes niegan la realidad del cambio climático han aprovechado las incertidumbres de la ciencia para argumentar que los osos polares están bien y que la pérdida de hielo marino no amenaza su sobrevivencia. No obstante, los biólogos dicen que no hay duda de que la tendencia, tanto del hielo marino como de los osos polares, va a la baja. El declive de una especie, señalan, jamás es un avance continuo a la extinción.

“No sucederá de una manera lineal”, dijo Eric Regehr, un biólogo del Servicio de Pesca y Fauna Silvestre en Anchorage, Alaska, que participó en la evaluación de 2015 y presentó los hallazgos en una reunión en junio del International Union’s Polar Bear Specialist Group.

Del mar a la costa

Una decena de osos polares escombran una pila de huesos a las afueras del pueblo. La tripulaciones balleneras habían arrojado el cadáver de una ballena boreal en la mañana. Mientras dos visitantes observan desde la seguridad de una camioneta a unos cientos de metros, los osos devoran la carne restante y la grasa.

Los inupiat, que han estado cazando ballenas en Kaktovik durante miles de años, creen que una ballena se entrega a la tripulación que la captura. Una vez que el cuerpo del animal es arrastrado a la orilla, le echan agua encima para liberar su espíritu.

Incluso hace unas décadas, la mayoría de los osos polares del mar sureño de Beaufort se quedaron en el hielo todo el año o, si llegaban a la costa, solo se detenían brevemente. El hielo marino les dio acceso libre a las focas, la base de su dieta alta en grasas.

Sin embargo, conforme las temperaturas han aumentado, el deshielo primaveral ha llegado antes y el congelamiento otoñal más tarde. El hielo compacto que alguna vez fue visible desde Kaktovik incluso durante el verano se ha derretido a cientos de kilómetros desde la costa, mucho más allá de la estrecha plataforma continental sur de Beaufort. El borde del hielo compacto ahora está por encima de las aguas profundas, donde las focas son pocas, y para llegar a tierra se requiere nadar una larga distancia, incluso para los osos polares.

El festín de los osos polares con restos de ballenas

Como resultado, según los hallazgos de los investigadores, una porción más grande de osos en la región sur de Beaufort están prefiriendo pasar tiempo en la costa, un promedio del 20 por ciento en vez del seis por ciento dos décadas antes, de acuerdo con un estudio publicado hace poco por Atwood, del Geological Survey, y sus colegas, en el cual siguieron a hembras con radio-collares. Los osos se están quedando en tierra más tiempo —este año llegaron en agosto y se quedaron hasta noviembre— por lo que se quedaron un promedio de 56 días, en contraste con un promedio de 20 días hace dos décadas.

La proliferación de osos polares en Kaktovik en el otoño ha atraído a fotógrafos de fauna, periodistas y turistas del cambio climático a la aldea; llenan sus dos pequeños hoteles o llegan volando desde Fairbanks para regresar ese mismo día en aviones alquilados.

Pero al tiempo que el hielo del Ártico sigue derritiéndose, los osos llegan en peores condiciones y se quedan más tiempo, incluso mientras la cantidad de turistas aumenta. La interacción entre osos y humanos se está haciendo más común, como lo ha hecho en otras partes del Ártico, lo cual expone a los osos polares a más estrés y a las personas a más peligro.

Los expertos en osos polares dicen que en algún momento el número de osos que busca alimentos aquí excederá lo disponible. “Cuando los osos polares son gordos y felices y están en buenas condiciones, no son una amenaza tan grande”, dijo James Wilder, un experto que hace poco completó un estudio de ataques de osos polares a humanos. “Pero cuando adelgazan y sufren estrés nutricional, hay que estar pendientes”.

Un hábitat en peligro

Las especies en riesgo, como los leones o los lobos, enfrentan amenazas predecibles: la caza ilegal o la invasión de humanos en su hábitat.

Sin embargo, la amenaza más grande a los osos polares es algo que no puede abordar ninguna autoridad reguladora involucrada con la fauna: la liberación no regulada de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera.

La caza deportiva alguna vez fue un peligro significativo para los osos polares, lo cual disminuyó drásticamente su cantidad en algunas áreas hasta 1973, cuando un acuerdo entre los países árticos restringió la caza a miembros de grupos indígenas y las poblaciones comenzaron a aumentar de nuevo.

Los derrames de petróleo, la contaminación y la caza excesiva aún representan algo de riesgo. Pero esos peligros no son nada comparados con la pérdida de hielo marino. Para muchos investigadores, la pregunta más apremiante es cuántos días puede sobrevivir un oso polar en tierra sin la fuente constante de alimentos altos en grasa que las focas generalmente proveen.

“Un oso necesita hielo marino para matar focas y ser un oso polar”, dijo Regehr, del Servicio de Pesca y Fauna. “Esa es la cuestión fundamental”.

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