Rescates, aventureros y propuestas matrimoniales

7 octubre 2009 por Administrador  
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rescates-001Según información de Associated Press, una pareja británico-francesa, que quedó atrapada en una profunda hendidura en un glaciar de los Andes mientras realizaba una difícil caminata por la frontera entre Chile y Argentina, tuvo que desistir de su propósito debido a las violentas ventiscas de nieve.

La pareja pidió ayuda por teléfono satelital a Londres, que avisó a la embajada británica en Argentina, y ésta hizo contacto con una unidad de rescate argentino que salió a buscarlos y los halló en una hendidura tan profunda que el helicóptero no pudo aterrizar en una área cercana. Los rescatistas tuvieron que caminar hasta el lugar con el objeto de trasladarlos.

Katie-Jane Cooper y Tarka L’Herpiniere fueron dados de alta el miércoles de un hospital de Calafate, una ciudad de la Patagonia.

Los exploradores se comunicaron por Twitter durante los 36 días que duró su aventura y su rescate, y destacaron la ayuda de los argentinos, a quienes calificaron de “absolutamente impresionantes”.

rescates-002La pareja logró avanzar dos tercios de la ruta que se había trazado hacia el sur antes que se produjeran las ventiscas de nieve que sepultaron y destruyeron su tienda. Ella sufrió ceguera temporal a causa de la nieve, él sufrió de congelamiento en algunas partes del cuerpo, y se quedaron sin alimentos. Luego de hacer un peligroso descenso por el Glaciar Spegazzini, los montañistas llegaron a la punta de una ladera escarpada sobre Lago Argentino, unos 100 kilómetros (60 millas) al oeste de Calafate.

La pareja está habituada a la aventura: ha recorrido la Gran Muralla de China, ha explorado el Ártico y ha recorrido en bicicleta unos 8.000 kilómetros (5.000 millas) por el Africa.

Cooper comentó que en este viaje estuvieron a punto de perder la vida en varias ocasiones, pero que está determinada a volverlo intentar el próximo año.

Y en su última transmisión desde la gélida área, cuando estaban sobre el lago a la espera de ser rescatados, L’Herpiniere dijo que deseaba hacer “un gesto que sólo se hace una vez en la vida”, una propuesta matrimonial.

Poco después envió un mensaje de Tweeter con la respuesta: “Dijo que ¡sí!”.

Diony Guadagnino en busca de acción en el Margarita Wildwinds

2 junio 2009 por Administrador  
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diony-2El windsurfista margariteño Diony Guadagnino compite actualmente en el Margarita Wildwinds 2009, válida Nacional y Open Internacional, que se lleva a cabo desde el pasado domingo 24 hasta el sábado 30 de mayo en Playa El Yaque, estado Nueva Esparta.

Luego de pasar unas cuantas semanas entrenando en Maui y Hawai, el atleta NESTEA® competirá en las categorías de Slalom Long Distance y Freestyle en la isla de Margarita, que le servirá a su vez como antesala para su participación en el Tour Mundial PWA (Professional Windsurfers Associations), el cual se inicia en el mes de junio por aguas europeas.

Para Guadagnino estar presente en el Margarita Wilwinds tiene una connotación muy especial, pues fue en esta competencia donde empezó su pasión por el Windsurf. “Participé por primera vez en el año 1995, cuando tenía apenas 11 años de edad, y fue un gran éxito para aquel entonces, llegaron competidores de todas partes del mundo. La verdad competir con la gran cantidad de atletas de diferentes nacionalidades era algo sumamente sorprendente, muchos de ellos eran estrellas del deporte”, recuerda Diony.

La agenda de este atleta para el año 2009 está llena de acción. Inició con su viaje a Maui y Hawai donde se entrenó bajo las condiciones extremas características de estos parajes, que le servirá para medir su disciplina contra los mejores a nivel nacional en El Yaque. Posteriormente sacará a relucir lo mejor de su técnica en las modalidades de Olas y Slalom en diferentes competencias a desarrollarse entre los meses de junio y agosto en Europa.

Guadagino, quien basa su filosofía como atleta de alta competencia en desarrollar una depurada técnica, y tener una conexión especial con la naturaleza agradece mucho el poder trabajar junto a NESTEA®, ya que siempre fue un gran sueño para él tener una marca como ésta apoyando sus proyectos. “Además encajamos perfectamente con los objetivos de llevar una vida sana y natural”, asegura el atleta.

Más allá de la novela – Eli Bravo: un viaje entre olas hacia sí mismo

5 mayo 2009 por Administrador  
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“No pasa mayor cosa en un barco que avanza, únicamente el agua bajo su quilla. Durante el día, ola tras ola, el mar es el mismo hasta donde alcanza la vista. De noche, si hay luna, el resplandor es un acertijo que sólo el marino sabe descifrar…”

Una ola tras otra, página 235

eli-bravo-02Al navegar en un velero en solitario, se encontrará todo tipo de situaciones. Zonas de denso tráfico con cargueros, pesqueros y hasta motos de agua. Tendrá que pasar por canales mientras lidia con viento y corrientes. Tendrá que navegar en alta mar organizando las guardias, y aprender a localizar buenos fondeos. En definitiva, necesitará experiencia en navegación. Los conocimientos se adquieren con la práctica, de modo que antes de lanzarse a la aventura deberá conocer a alguien que le pueda enseñar e ir ganando conocimiento.

Lo anterior suena sensato. Eli Bravo lo sabe, pero su espíritu de aventura y su deseo de lanzarse a la mar en un viaje de conocimiento interior, privó sobre todo lo demás.

No es que Eli no supiera nada de navegación. A los 13 años le compró un Sunfish a un primo. “Una noche me explicó con unos dibujitos el tema del viento. Yo agarré mi barquito y me lancé a navegar. También salí con él un par de veces y de allí en adelante todo fue ensayo y error”. Algo es algo. Muchos años después, su aventura personal lo llevaría a tener un velero Hunter de 29 pies con el que haría una travesía por el Caribe.

“Diría que soy muy mal marinero. No tengo casi formación teórica. Realmente me he leído un solo libro de navegación a vela. Me lo regalaron a los quince años y lo tengo desde entonces. Todavía lo reviso de vez en cuando. También he leído algunas revistas especializadas, pero por desconocimiento de términos no termino de entender lo que me explican”.

Quizás la lectura de técnicas de navegación no se le dé muy bien a Eli. En cambio, la escritura sí está entre sus fuertes. Su último libro está basado en su travesía por el Caribe. “Una ola tras otra”, editado por Editorial Planeta. El personaje principal se llama Andrés, un venezolano que decide regresar al país. Una ficción escrita en primera persona que parte de su experiencia en el velero. Una historia en la que el personaje descubre el temple de su espíritu y un nuevo amor.

No vamos a seguir hablando del libro. Es cierto que lo leímos y lo disfrutamos. Lo recomendamos sin ninguna duda. Pero esta crónica es sobre el Eli navegante, no el Eli escritor. Aunque en su caso, ambos están ligados inexorablemente.

Sencillo, afable, su conversación fluye como si fuéramos amigos de toda la vida. Cuenta sus limitaciones marineras, sus mareos, sus temores, su soledad, su crecimiento personal.
Su viaje empezó al zarpar de Miami, un día que aún duele en la memoria de los venezolanos: 11 de abril de 2002. Finalizó en Caracas, seis meses después.

“En el Caribe todo está cerca y afortunadamente se consigue apoyo. El recorrido más largo que hice sin tocar tierra fue de tres días. Cuando llegaba la oscuridad, previamente había preparado lo que iba a necesitar y lo dejaba afuera: comida, agua. Hubo muchas ocasiones en que navegué de noche para poder amanecer en alguna isla. Sentía la brisa y el oleaje salpicándome. Procuraba mantenerme seco y abrigado. Pero no me gustaba irme a la cabina, porque adentro me mareaba. Prefería acomodarme, acurrucarme afuera. Generalmente ponía el piloto automático mientras dormía. Cuando estaba despierto amarraba el timón”.

De repente llega un farolazo…

“A veces, en las noches ponía el despertador para que sonara cada 20 minutos. Me levantaba, echaba un vistazo. Más de una vez, me encontré un carguero cerca”.

eli-bravo-01En una ocasión, demasiado cerca. “Navegaba cerca de una de las islas de las Bahamas. Había zarpado en la tarde, cayendo el sol. Entonces veo una lucecitas a lo lejos. Me digo: por allí viene un yatecito. Hago las maniobras usuales, me acomodo, y a disfrutar mi navegación. La luz se viene acercando, más y más. Como que estamos en el mismo rumbo, pienso. Parece un yate de 50 pies. Aquí hay espacio, me va a ver. Se acerca más. Estoy en el medio de las dos luces porque la de más arriba es más blanca. Veo que están como altas, entonces prendo la linterna y alumbro mi vela para que en el otro barco me vean con más volumen. De repente llega un farolazo. Es un carguero”.

El no lo dice, pero es fácil imaginarlo, el golpe de adrenalina en su sangre, el corazón acelerado. “No me acuerdo si prendí o no el motor, pero logré cambiar de rumbo rápido. Cuando volví a concentrarme, el carguero estaba pasando a mi lado, se recortaba su enorme silueta en la noche. Fue culpa mía, porque si bien teóricamente yo venía a vela…”

“Desde siempre me he mareado feo. Me pongo verde, vomito. Gran parte del tiempo estaba acostado en la cubierta y me decía: ¿Qué rayos hago yo aquí? , ¿Para qué me metí yo en esto? Me hubiera gustado tener otro cuerpo que no se mareara, pero este es el que me dieron”.


El disfrute del silencio

“Por momentos me sentía cansado, y pensaba: quiero irme a casa. Hasta que echaba el ancla. Entonces disfrutaba del atardecer, del paisaje. Había días de mar tranquilo, bellísimo, podía divisar a sotavento una isla, entonces valía la pena. Esa sensación del agua, la cosa limpia, la experiencia de los tonos, los cambios del mar…”

“Al principio hablaba solo, después empecé a disfrutar del silencio. En seis meses tienes tiempo de hablar y de callar. Una de las cosas en que he trabajado mucho, es la soledad. Convivir con mis pensamientos. Vivir ese proceso. Hacer las paces conmigo mismo. No puedes perder el deseo de volar y la oportunidad, porque corres el riesgo de quedarte como un pasajero en el andén toda la vida”.

“Vi delfines, tortugas, peces voladores, gaviotas. Deseaba ver una ballena y no tuve suerte. Quizás por la época del año. Cuando navegué por el pasaje de las islas Turks & Caicos, famoso porque por allí pasan muchas, no vi ninguna… Eso sí, vi mucho chivo. Las islas del Caribe están llenos de ellos. Preparados al curry son bien buenos…”

“Me gustó mucho Culebra, una de las islas vírgenes al lado de Puerto Rico. También la cadena de las Exumas en el Archipiélago de las Bahamas. La isla de Montserrat es bellísima, así como una playa en República Dominicana que se llama Puerto Escondido. Me impresionó el valle que está al norte de la Península de Samara en Costa Rica, un sitio de montañas grandes que caen en el mar verde”.

“Es cierto que el Caribe está sobre explotado. El turismo lo ha convertido en un resort de arriba abajo, pero hay islas por donde pase muy rápido que algún día quisiera regresar, como las islas exteriores de las Bahamas donde están Mayaguana, Crooked y Acklins”.

“Estoy consciente de mis limitaciones. El viaje fue posible gracias al GPS y porque el Caribe está cerca. Cultivé ese sueño y ahora no sé si lo volvería a hacer: 17 o 20 días a bordo de un barco que no para de moverse…”
Para Eli, su navegación en el Caribe fue un viaje más en su rumbo de crecimiento personal. Estamos seguros que nuevas travesías le esperan. En un barco, en un vehículo, o sencillamente, viajando a través de sí mismo.

eli-bravo-03Eli y sus tres damas

“A mi esposa le gusta el mar (la conoció durante su viaje). Ella siempre ha buscado el momento de hacer un curso de navegación. Pero no le gusta pasar trabajo. Como mucha gente, tiene la fantasía del barco pero una vez a bordo, empieza: ¿Cuánto falta? Si en un velero comienzas a preguntar cuánto falta, para ti algo no va bien”.

“Actualmente salgo en un velero desde Miami, modalidad  tiempo compartido. Es decir, no tengo barco propio. De vez en cuando salgo a navegar con mi esposa y nuestras dos pequeñas hijas (cuatro y dos años de edad) pero sin alejarnos demasiado. Además, la mayor se marea. Salió a su papá”.

AUTORES
Enrique Romay
Jessica Marcano

Simplemente un grande: Rubén Jaén

24 marzo 2009 por Administrador  
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Salón de la Fama de la International Game Fish Association
Simplemente un grande: Rubén Jaén

Kike López Bonnet
Enrique Romay L.

rev16-pag18-01El Dr. Rubén Jaén, cirujano cardiovascular. Años y años en la práctica de la medicina. Podríamos describirlo como una eminencia en ese campo. El Dr. Rubén Jaén, pescador deportivo. Años y años de experiencia en la práctica de la pesca de altura. Miembro del salón de la Fama del deporte en Venezuela. Podríamos describirlo como una eminencia en ese campo. El 20 de octubre de este año pasó a ser parte del Salón de la Fama de la International Game Fish Association

El hogar del Dr. Rubén Jaén tiene un verde y frondoso jardín, el interior de la casa es sobrio y acogedor. Además de cuadros, adornos y fotos familiares, tiene numerosos diplomas, trofeos de cacería y de pesca, y en lugar especial, sobre sus respectivas bases, dos enormes picos, uno de aguja azul y otro de pez espada.

“Toda mi familia, en general, ha sido amante de la naturaleza”, nos dice explicando lo que lo ha ligado tan íntimamente al mar. Aclara que su sed de aventura no es sólo en agua salada: “Yo he ido cuatro veces a África. He estado en Kenia, Tanzania, Uganda, Botswana, Zimbabwe… días muy felices. He pasado literalmente cinco meses, fragmentados, en la sabana africana”.

“Con respecto a la pesca, mi primera experiencia fue en los ríos venezolanos cuando tenía 12 años. Pavones, payaras, bagres y muchas otras especies me dieron buenas peleas. En el mar, mi primera aguja blanca la capturé en 1953 y mi primera aguja azul en agosto de 1954. Pesó 450 libras”.

“He estado cuatro veces en la Gran Barrera de Coral australiana, que es uno de los sitios más importantes del mundo en fauna marina. Allí existen agujas negras que llegan a pesar más de 1.000 libras. En el océano Atlántico sólo se pueden encontrar agujas azules, agujas blancas y peces vela”.

Su legado va más allá de los records y los múltiples homenajes que ha recibido. Escribió el libro Pesca Mayor en el Caribe el año 1964 y otro sobre migraciones de las agujas.

La lucha contra el pez

rev16-pag18-02“Primero está la expectativa”, nos dice para describir las razones que lo han hecho disfrutar este deporte. “Son horas y horas de espera, uno sabe que son horas, pero que llegará”.

Desde otro punto de vista, más que horas, son años. “Por ejemplo, yo estuve esperando 40 años para lograr ese record”, nos dice señalando una de las fotos que ilustra este reportaje, en la que aparece al lado de una enorme aguja. Con ese pez estableció un record del Caribe: 479 kilos, pescado con línea de 40 kilos el 30 de diciembre de 1984, frente a la costa del Club Playa Grande en el litoral central.

“Es como si un bateador se le diera una sola oportunidad, una sola vez en su vida. Por eso uno tiene que estar siempre preparado”, afirma.

“Estos animales son capaces de desarrollar velocidades de 70 kilómetros por hora. Con un carrete de pesca que puede tener una longitud de 600 metros, pueden arrastrar al pescador y sacarlo de la embarcación. Teóricamente se espera hasta que se canse el animal, pero a veces es el pescador el que se cansa primero. Hay casos de luchas con el pez, que han durado más de 15 horas”, dice.

Explica lo que siente el pescador: “Es una combinación de caza y pesca a la vez. La carnada está en la superficie y el pez la ataca. Es como un león o un tigre, usted ve que ataca a la carnada. Uno tiene que darle de comer al animal, y pegarlo, con diferentes tipos de línea. Hay líneas de 10, 20, 40 libras. Por ejemplo, éste…” y señala de nuevo la foto que muestra la gigantesca aguja, “se pegó con una línea que se rompe a los 40 kilos de tracción. Te imaginas un animal de 500 kilos, tener que pescarlo con una línea de 40 kilos de tracción. Entonces, ahí viene la pelea. Pasan las horas, va y viene, va y viene, y nadie puede ayudar. Nadie puede tocar la caña, nadie puede tocar la línea, porque se descalifica automáticamente al pescador”.

Este “es un deporte honesto. Uno está solo con el capitán. Yo le podría decir, por ejemplo, que pesqué una pieza no con línea de 40 kilos, sino con línea de 20. Entonces, es record mundial. Claro, podría mentir, pero ¿para qué? Uno se impone no mentir. Los pescadores son famosos –dice sonriendo- porque y que son unos exagerados. Aquí no. Tal vez los exagerados sean los novatos”.

“Los pioneros venezolanos de la pesca deportiva como Julio de las Casas, Salvador Lairet, Alberto Fernández, y los hermanos Carlos y Freddy Behrens, entre otros, jamás mintieron”, rememora.

En defensa del mar y sus recursos

rev16-pag18-03“Nuestro litoral central es una de las mejores zonas de pesca deportiva, a pesar de que ha disminuido su potencialidad. En una época fue el cuarto país más importante del mundo en esta actividad”.

“La pesca industrial, es un problema mundial porque los mares se están vaciando de pesca. En lugar de moderar la pesca, que es lo que se debería hacer, para que rinda más, cada día hay barcos más grandes, que sacan miles y miles de toneladas de especies. Claro que es una labor que le da de comer a la gente, pero a ese ritmo no se conseguirá, por ejemplo, más atún. Y eso ya ha pasado en el Mediterráneo, donde había una inmensa cantidad hace 60, 70 años. Hoy en día si se pescan 20 o 30 toneladas es un milagro”.

“Un gran atún de aleta azul de 200 kilos se ha llegado a vender en Japón en casi 300 mil dólares, calcule en bolívares. Por su escasez, los japoneses pagan lo que sea por un animal así”.

“Para las cercanías de la costa venezolana, lo más mortal ha sido la pesca de arrastre y para alta mar el palangre. Se hace con un hilo tan largo que empiezan a echarlo al agua a las 4 de la mañana, a seis millas por hora, y diez o doce horas después es cuando acaban. Más o menos cada 300 metros hay una boya con una señal, donde está cada anzuelo. Empiezan a recoger al día siguiente. Ahí viene todo tipo de pescado de forma indiscriminada. Otra cosa terrible son las llamadas redes de ahorque, que se suspenden entre dos lanchas en el mar. Mueren tortugas, delfines, agujas, tiburones, animales pequeños, grandes, de todo. Las llaman las murallas de la muerte”.

“Después de 10 años de esfuerzo, en 1986 logré convencer al gobierno que decretara una zona de protección al norte de La Guaira, de aproximadamente 8 mil kilómetros cuadrados, donde la pesca comercial en gran escala estuviera prohibida. En los mapas especializados aparece con el nombre de zona Jaén. Eso fue imitado en muchas partes del mundo. Además de la protección ambiental, la idea generar prosperidad para Venezuela: los pescadores del exterior alquilan embarcaciones, se hospedan en hoteles, contratan mecánicos, servicios de carpintería, capitanes, marineros y dan buenas propinas…”.

Pionero de la nueva frontera

rev16-pag18-04La prestigiosa revista estadounidense Sport Fishing, en su edición de octubre de 2007, lo llama Pionero de la nueva frontera, refiriéndose con este título a la pesca del Pez Espada durante las horas del día, siendo ese un animal que tradicionalmente se pescaba de noche.

El Dr. Jaén escribió con lujo de detalles su técnica en el 2001 IGFA World Record Game Fishes, en un artículo de tres páginas titulado “Deep-Dropping Technique for Swordfish”. Años antes, en su libro Pesca Mayor en el Caribe, había predicho que este tipo de captura podía hacerse.

La técnica inventada por el Dr. Jaén para la pesca de pez espada durante el día, fue aplicada por varios pescadores de otras latitudes. Primero el capitán estadounidense Vic Gaspeny y su amigo  Richard Stanczyk la usaron con éxito en las aguas de los Cayos de La Florida. Se inspiraron en su reporte. Al otro lado del mundo, el capitán Geoff Stone de Nueva Zelanda, reconoció que el 90 por ciento de su técnica se basaba en lo que escribió el Dr. Jaén.

Lo cierto es que en el año 2003, el pescador Jerry Garrett a bordo del barco de Geoff Stone, logró un nuevo record IGFA con una línea de 80 libras. Después de 14 horas de pelea logró subir un pez espada de 813 libras. Noblemente, ambos reconocieron que no hubieran podido hacerlo sin las enseñanzas del venezolano.

Veamos el origen de esta técnica contada por el  propio Dr. Jaén:

rev16-pag18-05“Era el año de 1992 y estábamos intentando pescar meros en aguas profundas. Tuvimos una captura a 200 brazas (unos 365 metros) y después de un par de minutos, ¡un verdadero misil apareció desde el agua con un salto de más de tres metros! Era un pez espada de 90 kilos, derecho como una vara, y que inmediatamente rompió la línea.


Mi difunto amigo Aquiles García, junto con su capitán Oscar Marcano, tuvieron una experiencia similar, por lo que decidimos dejar caer cebos a 250 brazas de profundidad (457 metros) con un equipo de 80 libras con la esperanza de capturar uno de estos gladiadores. Un mes más tarde, García y Marcano capturaron uno de 158 kilos, el primero que lograban. Quince días más tarde, yo pesqué dos en un día (152 y 81 kilos).


Nos percatamos que habíamos descubierto una nueva técnica, muy efectiva, que además nos permitía no tener que pasar incontables horas nocturnas navegando a 20 millas de la costa con los peligros que ello implicaba, como por ejemplo, el riesgo de ser envestidos por un banquero.


Se emplean usualmente dos cañas: El mejor cebo es calamar fresco, pero la lisa también funciona. Se deben colocar a una profundidad de 250 brazas. Es extremadamente importante “sentir” cuando el cebo toca el fondo, y entonces rebobinarlo unos 20 pies. Con la embarcación de espaldas contra la corriente, con una banda de goma se amarra a la línea un globo o una botella plástica. Las mismas sirven para “avisar” cuando pica un pez. A menudo la botella flotara libremente después del strike, y el pescador debe enrollar  unas 300 yardas de línea antes de antes de que sienta el peso del pez espada.


Demás está decirlo, pero la pelea es dura y larga con 300 yardas afuera. Olvídense de motores rugiendo. Es simplemente  una lucha de poderes entre el pez espada y el pescador.
Con la velocidad y la fuerza de una aguja azul y la terquedad de un atún de aleta amarilla, los peces espada saben muy bien como luchar por su vida”.

Juan Carlos Bermúdez

24 marzo 2009 por Administrador  
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Referencia que avala

Vanessa Del Gallego Blunck
Fotos: Lautaro Cano

rev16-pag40-01En el medio de la pesca todos lo conocen como “Pelón” por su lustro y brillante cuero cabelludo. Él es referencia obligatoria en cualquier competencia organizada y que quiera tener el aval de la Asociación Venezolana de Pesca de Pavón.


Disfruta de la otra cara de la pesca y valora su práctica, además que conoce lo que ellos están sintiendo y sabe lo que están haciendo

La salina, las olas y la brisa del mar en Punto Fijo lo vieron nacer y le dieron el impulso que hoy mantiene 57 años después, con todo y que se alejó de la costa falconiana. Ahora, el agua dulce y el lago ubicado en Carabobo lo cobijaron y dice ser “valenciano” al igual que sus hijos: Juan Andrés (20) y Bárbara (16), que son su vida y que siempre, donde quiera que esté, los tiene presentes.

Juan Carlos Bermúdez es referencia en la práctica deportiva de la pesca de pavón. Desde que se organizó esta actividad y se crea la Asociación Venezolana de Pesca de Pavón, al “Pelón” se le conoce como juez, es la propia imagen de “lo certifico”. “Estamos seguros de lo que pasó en el agua cuando ellos están” dicen los pescadores, refiriéndose también  a su compañero César García quien lo acompaña en estas lides.  La credibilidad en los torneos  es un punto álgido y ellos ayudan a garantizarla.

Conocimiento y optimismo

rev16-pag40-02Verlo y oírlo en un punto de pesaje es toda una experiencia. Ahora, toda historia tiene un principio que marca huella y define cómo se narrará el resto. Tenía 12 años y Salvador Nuñez se lo llevó para Boca de Aroa, orilla de las playas de Falcón. Arrancó por lo básico, buscar la carnada. Con las atarrayas capturaba las lisas. No pasó mucho tiempo para que un día sintiera el templón de un jurel y le agarrara el gusto y la emoción a la pesca.

Poco a poco se fue comprando sus equipos. Recuerda con una mezcla de emoción y nostalgia los “róbalos, sábalos, júreles y mucho tiburón que se pegaron a mis anzuelos” en las costas falconianas. Al hojear nuestra edición No. 14 y ver la reseña del récord de pesca de orilla de Luís Ruiz con un róbalo de casi 20 kilos, nos cuenta que hace como 30 años él sacó un sábalo de 65 kilos en la costa de Boca de Aroa. “Fue una pelea de media hora con un Mitchell 488 y una línea de 20 libras”. Recuerda que “no cabía en la maleta, todo el mundo nos paraba subiendo hacia Valencia. El siguiente fin de semana –comenta jocosamente- una playa a la que iba poca gente, se había tornado famosa porque muchos querían probar la misma suerte”. El detalle: nunca registró oficialmente la captura.

Con sus primos, que vivían en Guárico, conoció la pesca de agua dulce y la etapa del pescador depredador. Fue un par de veces y no volvió más. Ver tanto pescado lo hizo reflexionar. Aquí ya empezaba a marcarse su ruta. Esta historia se completa cuando conoce a Riccio J. León y empieza a conocer la fuerza de los pavones. Llega hasta el Cinaruco cuando no había carretera. Cada año emprendía una aventura, una historia nueva, una experiencia distinta. Recorrían la zona con un baquiano que llamaban “El tigre de mango solo”. Armaron un grupo que incluía muchos extranjeros: “iban y venían y era increíble ver cómo les gustaba esta tierra, amaban el río, lo cuidaban y protegían”.

Al tiempo, Riccio J. León, sus hijos Richard y Riccio y Juan Carlos, constituyeron el equipo “Suéltalo” y se sumaron varios pescadores que estaban en el misma onda de promover la pesca deportiva, y dar un mensaje de conciencia y conservacionismo.

Pelón hace un alto y comparte sus recuerdos de los viajes “impelables” para Apure en enero. “Salíamos después de festejar el año nuevo y nos íbamos siete u ocho días a pescar. Era otra cosa, ver las estrellas, desconectarse del mundo, aún cuando nunca me olvido de mis hijos”. Vino a su mente “Cintura de Perro”, otro baquiano del Cinaruco. “En ese entonces ese señor tenía como 50 años, había nacido a la orilla del río y de seguro allí morirá, si es que no ha muerto. En ese entonces había tanto que ver, vivir, disfrutar, ahora el escenario y su contexto es otro”.

La otra cara de la pesca

rev16-pag40-03Hoy en día “Pelón” es juez de la Asociación Venezolana de Pesca de Pavón. No recuerda como cayó en este cuento. Comenta que junto con César García son los jueces más estables de esta organización, y le preocupa un poco, puesto que no hay generación de relevo, solo hay dos jueces certificados en todo el país y es necesario generar interés y compromiso en esta área, por lo que espera incorporaciones de manera formal.

“Es la otra cara de la pesca”, dice. Además, ya pasó por la época del “frenesí horrible”, que es entre los 30 y los 40, “la pesca es intensa, fiebre y  no hay otra cosa que importe más, después cambia la cosa”.

Como conoce las dos facetas de la pesca, valora el esfuerzo del pescador. En su rol de juez, anima a los pescadores, les da datos, sacude y dinamiza la actividad, sabe de la técnica y la competencia, y establece las normas en firme. “Siento lo que están sintiendo y se lo que están haciendo”.

Aún le falta por ir a pescar en algunos sitios. Opina que el mejor lugar es el Guri por la calidad de la pesca y el paisaje. Su recomendación: “un bote de aluminio de 16”, un motor 40, una caña de spinning, cucharita y dos rapalitas buenos”, a lo que le añade el salvavidas y un lugareño que indique el mejor sitio para pescar. Una interesante locación que completa la sugerencia es Río Verde en el estado Guárico, “se pueden dar muchas capturas para aprender y la represa es tranquila, un lugar para conseguir victorias rápidas”.

Observador y detallista

rev16-pag40-04La experiencia de verlo en un punto de pesaje en una competencia es una escuela. Toma en cuenta muchos detalles: el aspecto de los pescadores, la vestimenta, el orden en la embarcación, la limpieza, le detalla las cañas, se acerca, indaga, los anima, crea competencia, a algunos hasta los “pica” para darle un toque jocoso al asunto.

En embalses como Guri, Caruachi o en el río Cinaruco la expectativa de un buen ejemplar lo mueve. Su mayor pavón ha sido un Temensis de seis kilos y medio. Le tomó 20 años pescarlo. Fue en el Cinaruco, en la laguna Vengas en Guateral a las 5:30 de la tarde con un Bomber Jointer negro y amarillo, con un Becki y un Curado Shimano, línea 16 libras. Narra y en su rostro refleja el momento, al punto que le consultamos si no tiene ganas de pescar de nuevo: “tengo ofertas de varios equipos, vamos a ver qué pasa”. ¿Quiénes? preguntamos.  Silencio.

Reflexivo y conservacionista

rev16-pag40-05En lo que respecta a la nueva etapa de la pesca, por aquello de que hay más protagonistas en esta historia, hace una pausa, respira profundo y piensa. “Para el espectáculo el boom es fabuloso, ahora hay más organización, pero sin duda alguna los peces y el ambiente están pagando el precio”. Afirma que es necesaria, por parte de entes públicos o privados, hacer una resiembra de pavones. “Se debe abonar la actividad para que el pasivo ambiental sea duradero, además se mejoraría la calidad genética de los pavones y se revierte la endogamia propia del medio”, indicó.

Preguntamos cómo minimizar el impacto ecológico de la pesca deportiva, y no dudo en decir que hay que aplicar y respetar la veda y los torneos se deben ajustar a esto. También sugirió subir la talla y el peso del animal. “Somos pocos los que hemos visto el deterioro de la pesca y por eso no hay conciencia sobre lo que está ocurriendo”.

Una entrevista de lujo, todo un personaje, todo un maestro porque además tiene ese don de compartir, enseñar… además, pocos tienen el conocimiento de las dos caras de la pesca y él es uno de ellos. Ojala esta entrevista trascienda y genere acciones en pro de la pesca deportiva de agua dulce.